Alentejo

Esperimente


Memorias que no se puede perder

Es el espacio abierto que parece no tener fin. Son los colores y los olores que brotan de la tierra. Es el inconfundible trazo de la arquitectura rural, presente en los "montes” de las grandes haciendas, en el caserío más antiguo de las ciudades, pueblos y aldeas o en las ermitas que pintan de blanco la cumbre de los cerros. Es lo que se lee en las formas de ser y de hacer, en las artes que se conservan y se renuevan, en la tradición que se mantiene y se recrea, en el "cante” que, con alma y corazón, sólo los alentejanos saben cantar.

Pero la ruralidad del Alentejo del s. XXI no se agota en las "cosas del campo”. Por las vicisitudes, no siempre positivas, de su historia, esta región conservó lo que hoy le confiere un valor lleno de futuro: la pequeña dimensión y la calidad de los ambientes urbanos, la escala humana, el silencio, la paz, la libertad y el aire limpio que se respira. Y el tiempo. Una forma tan peculiar de entender el tiempo, que nos hace sentir en la piel que, al final, es posible vivirlo en este mundo vertiginoso, dejándolo ser exactamente lo que es: el más precioso de nuestros bienes.

Existen en el Alentejo decenas de pequeños museos etnográficos (o núcleos de etnografía en los museos municipales), que guardan las memorias de la casa tradicional, de los oficios que desaparecieron, de los instrumentos que cayeron en desuso, de la vida en las aldeas y de sus costumbres.

Se han hecho con tanto amor y devoción, casi siempre recurriendo a piezas donadas por los habitantes, que, siempre que encuentre alguno, debe visitarlo. Pero, entre todos los que podrían clasificarse como los más interesantes, hay tres que no se puede perder: el Museo del cencerro, em Alcáçovas, con más de 3.000 cencerros, cada uno con su sonido, instalado en el taller del maestro João Penetra, cencerrero de profesión; el Museo Etnográfico, en Serpa, con la exposición permanente "Oficios de la tierra”; y el Museo Etnográfico y Arqueológico, en Santa Clara-a-Nova (Almodôvar), que ofrece una excepcional recreación, con figuras de tamaño natural, de escenas cotidianas de la aldea. Estando en Santa Clara, visite también el poblado de Mesa de Castelinhos y, en Almodôvar, el inesperado Museo de la Escritura del Sudoeste, que se cree que es la primera expresión escrita de la Península Ibérica.


 

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De La Tierra a La Mesa
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Guía de Museos del Alentejo
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Tiempo para ser feliz
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